Días grises

Llueve. Cualquiera que me conozca un poco sabrá que adoro el sol y los días de cielo azul, que me gusta el verano y su calor, las fechas en que uno puede ir por la vida en camiseta de manga corta. Y es que cuando llueve me pasa un poco como a Calvin (el maravilloso, aunque no lo quisiera para mi, crío de Calvin y Hobbes). Primero toda las capas de ropa, que uno ya no sabe si es una cebolla o un extaño mutante. Para seguir, lo gris que se vuelven los días, las averías de metro, los atascos interminables, los charcos, llegar a casa con el bajo de los pantalones empapados, la desgana para salir a la calle…
Ayer vimos Crank, Adri y yo. La peli va sobre un tío que debe mantener siempre la adrenalina a tope para sobrevivir a un veneno que le han inoculado, y por ello empieza la película corriendo y acelerando el coche. Como es lógico, para conseguir que el espectador se identifique con el personaje, el ritmo de la película es brutal. Casi no da tiempo a respirar y ya han cambiado de plano varias veces.
Personalmente, el efecto de cortinilla y pantalla partida en las conversaciones telefónicas me pareció bastante cutre. La peli empieza bien, pero como es lógico, intentar mantener al espectador en un estado de permanente atención intensa es complicado, y la película flojea con la llegada del personaje femenino interpretado por Amy Smart.
Uno no debe buscarle más vueltas al guión. Es lo que es y no engaña. Crank es una película para ver y entretenerse, pasar el rato más o menos divertido, y al salir de la calle olvidarla por completo. Jason statham sigue siendo un fiera y es lo mejor de esta peli.
Si bien la segunda mitad de la película es cada vez más ida de olla, el filme tiene escenas muy buenas, como son el momento en que Statham acusa a un taxista arabe de ser de Al Quaeda para poder robarle el taxi mientras los ciudadanos de a pie reducen al supuesto terrorista, o esa otra escena en que Statham, pistola en mano, intenta robarle la epinefrina a un camillero mientras éste empuja a un paciente de urgencias a lo largo del hospital y los médicos tratan de curar al paciente. Todo esto sin detenerse ninguno de ellos.
Y el final… bueno, a mi me gustó porque me pareció simpático y la guinda final a tremenda ida de coco. A Adri no le gustó.
Mañana Faemino y Cansado. Hace más de diez años que les vi por última vez y siempre me han hecho mucha gracia. Me apetece volver a encontrarles.
Y a ver si deja de llover de una puta vez.

El efecto mariposa 2

Hace unos años entré en el cine a ver «el efecto mariposa» sin saber nada de ella. Por aquel entonces ni siquiera sabía quién diablos era Ashton Kutcher. Ni sabía de qué iba la película.
Y la disfruté. Además de parecerme que estaba muy bien hecha, la trama me resultó entretenida. Siempre me han gustado las películas de viajes en el tiempo. La que más, «Regreso al futuro». Y «El efecto mariposa», con esos constantes regresos al pasado en un intento de arreglar el futuro pero empeorándolo sin remedio hasta límites insospechados, me fascinó.
Vamos, la trama era idéntica a una peli de serie B que ya me había encantado en su momento, Retroactive, un filme de bajo presupuesto protagonizado por un histriónico James Belushi donde un asesino liquidaba a tres personas y perseguía a una joven hasta unas instalaciones del gobierno donde se llevaba a cabo un experimento que permitía volver atrás en el tiempo… 30 minutos. En aquella película la chica intentaba impedir el asesinato pero lo único que conseguía era que en lugar de tres víctimas acabaran siendo siete y el resultado cada vez más catastrófico, una y otra vez, hasta llegar al final.
Este año, supongo que directa a dvd, ha salido «El efecto mariposa 2». La vi por lo que ya he comentado, que la trama me resulta interesante aunque la haya visto una y otra vez. Y de hecho esta película podría haberse llamado de cualquier otra manera, porque de la primera parte en la que supuestamente se basa sólo conserva lo de viajar al pasado para cambiar el futuro… y casi ni eso.
Ninguno de los actores de la primera aparece en esta secuela; En la primera utilizaba los diarios para volver al pasado, en ésta lo hace mirando fotografías; En la primera la historia narraba la historia hacia delante mostrándote tiempos en blanco que luego rellenaba magistralmente al retroceder en el tiempo. En esta segunda parte no es así; Esta segunda parte adolece de un guión flojo y sin fuerza interpretado por unos actores que tampoco aportan demasiado. Únicamente hay tres viajes al pasado, y en ninguno de ellos las consecuencias son demasiado terribles, como ocurría en la primera (magistral ese momento en que Ashton Kutcher se despierta en silla de ruedas)
Así que, como era de esperar, resulta ser una película mediocre que no le llega a la suela del zapato a la primera. Podrían habérsela ahorrado.

Click

Adam Sandler es uno de esos actores a los que no soporto, de esos que todos tenemos y que se te meten entre ceja y ceja y le odias de por vida, sin ningún motivo verdaderamente real. Simplemente te caen mal y verle en pantalla te produce arcadas.
Kate Beckinsale es de esas chicas que cada vez que la ves piensas en lo hermosa que es. Como actriz algo sosilla, pero bueno.
David Haselhoff, alias Jumpinmycar, alias Mitch Buchanam, alias The Knightrider, es uno de esos actores míticos que ahora ha empezado, acertadamente, a reírse de sí mismo. Y digo acertadamente porque es lo único que le queda al pobre.
Y luego Christopher Walken, un hombre habituado a papeles estrafalrios y que borda en todos los casos. Aunque uno nunca sabe si el tipo se lo toma en serio o es así de raro siempre. Para mí, me quedo con aquel reloj que tu abuelo se metió en el culo para que los chinos no lo descubrieran. Sublime.
Y con esos ingredientes y un spot curioso y divertido y que promete originalidad, llegamos a Click. Una de esas películas para ver en tarde sábado con resaca y así no tener que pensar demasiado.
La película empieza como uno se espera, y el efecto de no tener que pensar da resultado. Las situaciones que se crean con el mando a distancia universal son lo suficientemente divertidas como para sacarte más de una sonrisa. Y entonces el guionista se fuma una buena pipa de crack y se le va a la pelota a Parla. Vale que toda la película es una ida de olla desde el primer momento en que aparece Walken, pero es que los últimos 40 minutos son una ida de olla a la máxima potencia. Hasta el punto en que uno ya no sabe si está viendo la misma película o una versión surrealista de «Regreso al futuro», llegando a haber momentos en que no sabes si estás viendo una comedia o un drama hardcore. Coño que ya me daban ganas de llorar hasta mí (esto es una exageración, aviso, es sólo para que comprendais lo descolocado que está uno ante la visión del film).
En fin, que para pasar el rato vale. No aporta nada nuevo al mundo pero hace que la tarde resacosa del sábado pase un poquito mejor. Y eso que sale Sandler….

El laberinto del fauno

Hoy, clase práctica: «Cómo demostrar que en España se sabe y se puede hacer buen cine«.
Y es que, a pesar de estar dirigida por el mexicano Guillermo del Toro, El laberinto del Fauno es una película española, con actores españoles (exceptuando al hispano-francés Sergi López y al americano Doug Jones, que interpreta al Fauno) y una mayoría de equipo técnico español.
Y es que Guillermo del Toro parte de la base para hacer una buena película: tener una buena historia. En este caso, una historia llena de fantasía, de imaginación desbordante, entretenida y enmarcada en un contexto histórico de lo más interesante.
La película se sitúa en los años posteriores a la Guerra Civil, cuando el ejército fascista, ya en el poder, intentaba terminar de una vez por todas con los guerrilleros que se habían echado al monte. Sergi López interpreta a un sádico capitán fascista que en algunos momentos llega a dar auténtico miedo. Junto a él, Alex Angulo, Maribel Verdú y Ariadna Gil.
La película está llena de criaturas fantásticas, que van desde las hadas hasta el propio Fauno y un gran sapo gigante que arranca más de una sonrisa. Pero también contiene escenas verdaderamente crudas que te hacen querer apartar la vista de la pantalla, como el momento en que, con una brutalidad salvaje, Sergi López aplasta la nariz de un hombre hasta hundirla por completo utilizando la culata de su pistola… o el momento navaja y boca y lo que sucede después delante de un espejo y que no contaré para no destrozar la película al que no la haya visto.
Lo cierto es que no es una película para todos los públicos, y es posible que lo fantástico de su propueste aleje a mucha gente, pero si algo hay que reconocerle a Guillermo del Toro es que ha hecho una buena película. La fotografía es excelente (aunque las escenas con lluvia y día extrañan un poco), la ambientación y vestuario es el adecuado, los decorados y los efectos especiales no cantan lo más mínimo y son fascinantes, las interpretaciones están muy por encima de la media (sobre todo la niña y Sergi López, pero es que hasta Maribel Verdú está muy bien), y la música acompaña sin interferir demasiado. ¡Ah! Y aunque tan sólo hay dos batallas y no son demasiado largas, sí están bien rodadas. Me sé de uno que debería aprender a rodar acción.
Una película para disfrutar, bien hecha, y que sorprendentemente no ha optado siquiera a la candidatura de los Oscars. Cosa que sí hizo Alarrollo.
En fin…

Tres factores que inducen a la piratería

Y he decidido contar sólo tres de los muchos factores que inducen a la piratería musical. No son los únicos, pero desde luego son los que más me joden a mi:
– El precio de los discos. Claro, por un lado entiendo que a disco por año o ante una menor periodicidad, vender el disco a cinco euros no reporte demasiados beneficios, pero desde el punto de vista del cunsumidor, que es lo que soy en este caso, 20 euros por disco me limita a un disco mensual o menos. Evidentemente, dado el panorama, la opción en la que me encuentro es la segunda.
– La calidad. Y es que parece que hay artistas que no se dan cuenta de que su producto es la música y que no vale con hacer un single atractivo. El resto del disco también debe serlo. Es de lo más frustrante comprar un disco y encontrarse con que te gustan tres canciones y el resto no te llaman la atención.
– Que te timen. Sí, que te timen es una cosa tan puteante que induce a la piratería. Y es que uno espera que por ese precio pueda encontrar dentro del disco incluso oro. Lo cual no ocurre cuando uno escucha el último disco de Dover: Follow the city lights. Dejando a un lado que te guste la música que hacen, porque para eso hay colores, darle al play en la primera canción (que es ese excelente single que han sacado) y media hora después encontrarse con que el disco se ha acabado produce una sensación de quieromataraestoshijosdeputa. Así es, el último disco de Dover tiene 10 canciones de las cuales la más larga dura 4 minutos pero que casi todas rondan los 2 y medio. La duración exacta del disco es de 33 minutos.
A mi eso me parece una estafa. No me compraré ese disco, desde luego.

Las crónicas de Sarah Connor

Retazos de mi historia: Yo tenía seis o siete años y pasé el verano con mi primo Hugo en Benicassim. No recuerdo nada en absoluto de aquellas vacaciones, excepto una cosa. Regresando a casa, en el autobús, pusieron una película a la que no presté atención porque me interesaba más jugar con mi primo. Hasta que él se quedó dormido. Entonces me puse los cascos y miré la pantalla, para sólo ver los cinco minutos finales de aquella película cuyo nombre nunca supe hasta cinco o seis años después.
En aquellos minutos finales una mujer de pelo cardado al estilo ochentero trataba de huír a través de una prensa de un robot con forma humana pero sin piernas que la perseguía para matarla. Era una escena de gran intensidad, y finalmente la mujer consigue aplastar al ciborg cuando éste ya extiende el brazo hacia ella para estrangularla.
No olvidé por completo aquella escena, pero al no haber visto el resto de la película ni saber cuál era su título, la relegué al fondo de mi mente.
Yo tenía 10 años cuando me llevaron al cine a ver una película llamada Terminator 2. Lo recuerdo como si fuera hoy, porque ese día empecé a convertirme en quien soy ahora. Solo que en ese momento aún no lo sabía. En ese momento estaba enfadado porque prefería ver otra película, y no la segunda parte de una película que no había visto y que ni siquiera sabía de qué iba.
Supongo que para silenciar mis quejas me compraron el bol más grande de palomitas y una coca cola. Y así entré, a la tierna edad de 10 años, con mis palomitas y mi coca cola. Me senté en mi asiento, medio enfurruñado pero emocionado por el atracón de palomitas que me esperaba. Y las luces se apagaron. Y en pantalla apareció, al poco, un suelo cubierto de calaveras humanas. Y entonces un pie robótico aplastaba la que quedaba en primer plano. Di un salto en mi butaca, por el susto. Y entonces la cámara dirigida por James Cameron empezó a mostrar la guerra del futuro, la guerra entre humanos y máquinas. Y mi boca se quedó abierta, mirando aquellas imágenes tan impresionantes.
No toqué las palomitas. No lo hice porque no era capaz de separar mis ojos ni mi mente de lo que mostraba la pantalla. Aquella película era la polla. Un robot como mascota de un chico joven en cuya piel no me resultaba dificil imaginarme. La amenaza de una guerra futura contra las máquinas. Un ciborg hecho de mercurio que podía moldearse a su propio gusto y que cada vez que lo hacía mostraba unos efectos especiales espectaculares.
Recuerdo que cuando acabó la película me echaron la bronca por no haberme comido las palomitas. Me daba igual. Sólo podía pensar en el T-800. Aquel día tomé una decisión: quería ser director para, algún día, poder hacer algo así de impresionante y que dejara a la gente como aquella película me había dejado a mi.
Fue la primera vez que pensé en dirigir cine, y desde entonces es lo único que he querido ser. Evidentemente, tardé tres días en conseguir que me alquilaran la primera parte, y cual fue mi sorpresa al descubrir que Terminator 1 era aquella película que años atrás había visto terminar en un autobús y que me había llamado la atención.
Nunca me ha importado admitir que me encanta Terminator 2. A veces parece que ser estudiante de Comunicación Audiovisual en este país sólo permite que tus películas favoritas sean Ciudadano Kane, Almodóvar y el cine dogma o independiente. A mí nunca me importó decir en clase que Terminator 2 era una obra maestra, por muchas miradas que me echaran. ¿Qué quieren que les diga? Para mi Terminator 2 es muchísimo más entretenida que Kane. Para gustos colores.
Evidentemente la noticia del rodaje de Terminator 3 me puso el corazón en un puño. No estaría Edward Furlong haciendo de John Connor, pero sí estaría Schwarzenegger como el T-800. Vi la película el fin de semana del estreno, en Sevilla. Nervión Plaza, creo. Con Ali. Y la peli me encantó. No superaba a la segunda, pero sí cumplió con las expectativas que tenía en ella, y además me sorprendió el final.
Sí, me encantó. Que parece que el cine de acción no está permitido dentro de los selectos clubs de comunicadores audiovisuales. O se menciona en voz baja.
Después de eso Arnold Schwarzenegger se metió en política (no comment) y se fueron por el retrete mis esperanzas de que la saga siguiera adelante.
Hasta hoy.
David Nutter es un director televisivo. tiene sobre sus espaldas un buen montón de capítulos de series de sobra conocidas, desde Expediente X a Los Soprano, y también ha dirigido los episodios pilotos de muchas series que después se han convertido en grandes éxitos, como Millennium, Roswell, Smalville, Supernatural, Sin rastro o una de las series más esperadas de esta temporada: Traveler.
Pues bien, al parecer este señor ha anunciado que se dispone a grabar el episodio piloto de una nueva serie que llevaría por nombre «The Sarah Connor Chronicles» y que seguiría los acontecimientos ocurridos tras Terminator 2, con Sarah Connor y su hijo huyendo en dirección a México.
Mi corazón ya está nervioso.
La parte buena es que Nutter suele tener grandes ideas y las series que produce suelen tener, como poco, un agradable visionado. Además, la trama me interesa.
La parte negativa es la lógica. Mister Gobernador de California no va a salir en la serie, como tampoco lo hará Linda Hamilton. Al parecer el casting ya está en marcha y las localizaciones se están buscando en México. La otra parte negativa de esta noticia es que el canal que produciría la serie es CW, un canal cuyos niveles de audiencia no pasan de lo lamentable y cuyas nuevas series suelen tener problemas para arrancar. Smallville es una de sus series punteras y tiene una media de 4’5 millones de espectadores (lo cual en EEUU es poquísimo, teniendo en cuenta los 14 millones que tienen Lost, Héroes o 24).
En fin, ya veremos lo que pasa. Dejo el enlace donde he leído la noticia por si a alguien le interesa. Por cierto, en IMDB también está anunciada la serie, así que no se trata de un rumor sin continuidad.

Hoy, la letra J

Jericho. Ese es el título de otra serie americana de la que he visto los dos primeros capítulos. Hace tiempo que vi el piloto, porque la idea me parecía muy interesante: Los habitantes de un pequeño pueblo llamado Jericho son testigos de la formación de un hongo nuclear a lo lejos, probablemente en Denver. Al saberse bajo ataque pero sin saber con quien están en guerra, si sólo ha ocurrido en una ciudad, si ha sido terrorismo, ni tener del todo claro lo ocurrido, empieza a desatarse el pánico y pronto se dan cuenta de que, si quieren sobrevivir, van a tener que hacerlo por sí mismos.
La premisa, desde luego, llama la atención. Sin embargo, no terminó de dejarme buen sabor de boca. El episodio piloto parece hecho con un presupuesto demasiado justo, sin demasiadas ganas y sin posicionarse del todo. Uno no tiene claro si lo que va a ver es una serie sobre lo que han de hacer los lugareños para sobrevivir tras el desastre (que era lo que a mí me atraía) o un drama sobre las relaciones entre los habitantes y su vida en el pueblo usando como telón de fondo la bomba para impedir que puedan salir del pueblo (algo así como «3 moons over milford» que utiliza la excusa del meteoro que impacta contra la luna para hacerte creer que vas a ver ciencia ficción y luego resulta ser un melodrama).
Aún así, le di una oportunidad más y vi, hoy mismo, el segundo capítulo. Y uno tiene la impresión de estar viendo algo bueno con este. Se nota que la cadena aceptó la serie y le otorgaron un presupuesto, porque lo primero que destaca en este segundo capítulo es que está mejor hecho. Bastante mejor. Y parece posicionar a la serie más en el sentido que me atrae a mi que en el melodrama, aunque mantiene unos tintes en esa dirección. Sin embargo aquí la acción es más clara y el ritmo superior y uno se queda con buen gusto.
Tendré que darle una oportunidad más para decidir si vale la pena seguir con esta serie o no. Ya os contaré.
Lo otro que quería comentar también empieza por jota, pero es español en este caso. Y es La Juani, la nueva película de Bigas Lunas cuyo cartel promete cultura popular de extrarradio y bastante carne. Aunque como es de Bigas Lunas lo segundo era bastante de esperar. El caso es que mucho me temo que esta película triunfará en taquilla. Tiene a Dani del canto del loco para llamar a los jóvenes, chicas jóvenes y deseables para atraer al sector masculino, tunning, música de discoteca…
Amenaza con ser un éxito, desde luego. Quizá supere hasta al Alarrollo, que sólo lleva recaudados 14 de los 25 millones que costó (más publicidad).
Desde luego, sé que está mal juzgar una película de antemano, sin haberla visto, ni voy a criticarla, pero es que ni siquiera me planteo verla, porque Bigas Luna me aburre, Dani Martín me parece que debería dedicarse a cantar (cantando es cansino, pero es que actuando es lamentable, vease sino el doblaje que hizo para Escuela de Rock), no entiendo el tunning ni esa cultura que promueve la Juani, y no me llama ni siquiera una pizca la atención esta película.
Y para colmo, gracias a Mi exceso de ego he dado con esto: el consultorio de la Juani. ¿Qué es esto? Pues al parecer, una especie de foro donde la gente puede preguntar lo que quiera y la Juani te contesta con dicha cultura barriobajera. No tiene desperdicio y merece leer al menos un par de esas preguntas y respuestas. Atención a esa en la que un supuesto niño de 12 años dice que tiene muchas ganas de follar y pregunta qué debe hacer, si esperar a tener una novia o irse de putas. Y atención a la respuesta. O a esa otra en la que una chica que asegura ir muy caliente pregunta qué debe ponerse en su entrepierna para que el perro le de gusto.
El host de «Exceso de ego» se pregunta si está llegando el apocalipsis. Uno no puede más que preguntarse lo mismo.

Buen cine de acción / Mal cine de acción

Hoy el género escogido para el visionado fílmico fue el siempre poco respetado de la acción. Y he visto dos películas tan desiguales que asusta.
La primera de ellas fue «United 93», el film que rodó Paul Greengrass sobre el avión que cayó a tierra el 11 de Septiembre de 2001 sin alcanzar su objetivo. Una película que el director de «El mito Bourne» decidió rodar sin actores conocidos y con un estilo sobrio y limpio, cámara en mano.
Cuando uno ve United 93 no puede dejar de pensar «ya, me estás intentando contar que los americanos son super machos y se aliaron para enfrentarse contra los terroristas y así evitar que el desastre fuera aún mayor aquel fatídico día». Evidentemente, en la cinta de Greengrass no aparecen siquiera mencionadas otras hipótesis que apunten a que el avión fuera derribado por el propio gobierno de los EEUU. Y no las hay porque la cinta habla sobre el heroísmo de las personas comunes.
Y no es creíble.
No es creíble, pero la cinta está dotada de ritmo, de un muy buen ritmo cabe destacar, y filmada con inteligencia de manera que no puedas evitar estremecerte mientras los integrantes del control aereo de Nueva York pierden cada vez más los nervios y ven estrellarse al segundo avión contra las Torres Gemelas. Entre otras cosas.
Y es que «united 93» es buen cine de acción. Greengrass ya nos había demostrado sus cualidades con la película sobre Bourne (que tiene una de las mejores persecuciones que jamás he visto) y en «united 93» se dedica a mostrarnos una vez más que conoce el género. Aporta los granos justos de dramatismo y nos cuenta su guión, sobre esos héroes anónimos. Y cuando el ataque contra los terroristas empieza a ser preparado, a falta de 20 minutos para el final, la cinta se convierte en una verdadera joya. Esos 20 minutos finales valen su peso en oro. Y mientras el ataque se pone en marcha uno tiene que morderse la lengua para no empezar a gritarle a la pantalla y animar a esos hombres que se lanzan en una misión desesperada. Y conocer el inevitable final no hace sino enfatizar la intensidad de esa secuencia.
Evidentemente, Greengrass lo sabe y se aprovecha, bien, de ello.
Y después se me ocurrió ver «Domino», la cinta que Tony «el hermano peor dotado» Scott rodó sobre la modelo y luego cazarrecompensas Domino Harvey. Una mujer real cuya vida Tony Scott transforma en una película en la cual todo es ficción salpicada de datos reales aquí y allá.
Y, Tony Scott, que ha demostrado sobradamente en otras ocasiones que sabe dirigir acción, aquí debía estar borracho porque Domino es una mala película de acción.
Ya me lo había advertido Adri: «lo único bueno de esa película son los créditos». Y sí, están de puta madre, y los diez primeros minutos de película son entretenidos. El resto es basura. Y además basura mal filmada. Tony Scott se dedica a mover la cámara de un lado para otro y realiza un montaje hiperfragmentado y lleno de flashes blancos cuyo efecto entiendo que pretende ser dinamizar la acción pero que lo único que consigue es marear. No viene a cuento ese montaje y Scott no es Michael Bay, que es un tipo que sí sabe hiperfragmentar.
Keira se dedica a pasearse por la película con cara de ser muy dura. Mickey hace lo que siempre ha hecho, que es ser muy duro, y Edgar Ramírez simplemente pone musculito y cara bonita, pero muy dura. El guión es una sarta de estupideces (¿La trama central de la película es salvar a una niña enferma? ¡por dios!) y se dedica a engañar al espectador una y otra vez mostrándote escenas que minutos después te cuentan de otra forma diciéndote «esto es lo que pasó en realidad», con lo que uno se queda con cara de «¿Y para que me has contado antes que era de otra manera?». Supongo que Scott busca de esa manera que el espectador se sorprenda por los maravillosos giros de guión. Y sí, estoy siendo irónico.
Y para colmo ni siquiera tiene escenas de acción rememorables.

No es por venganza, es por castigo

No, no es que esté preparando una kale borroca contra el Santander Central Hispano, aunque se lo merezca. «No es por venganza, es por castigo» es la frase promocional que acompaña a la película que acabo de ver.
Ayer fue «El Calentito», pero hoy giré completamente la rueda del género y me decanté por un film inglés de terror de bajo presupuesto. Wilderness, de Michael J. Basset. Y después de ver esto, es obvio que tanto los americanos como los españoles (estos más aún) deben aprender de los ingleses en cuanto a cine de terror se refiere. Porque Wilderness viene a demostrar una vez más que no hace falta tener un presupuesto multimillonario ni un reparto de caras conocidas, sino más bien una buena historia – que ni siquiera tiene por qué ser novedosa – y sabiduría para filmarla como es debido.
Y si no, hay están Wilderness, Event Horizont, y las dos últimas películas de Neil Marshall: Dog Soldiers y The Descent, esta última posiblemente la mejor película de terror de los últimos años.
De hecho Wilderness comparte con las películas de Marshall a dos de sus actores en papeles breves, pero intensos y de muerte sangrienta: El siempre magnífico Sean Pertwee, que aparecía en Dog Soldiers, y la cada vez menos hermosa pero hermosa aún Alex Reid, que aparecía en The Descent y que yo descubrí hace tiempo en aquel subproducto de la Fantastic Factory que fue Arachnid.
La trama de Wilderness no puede ser más sencilla. Se inicia en un reformatorio donde dos skinheads utilizan su superioridad física – y su debilidad mental – para hacerles la vida imposible a dos compañeros de cuarto más tímidos y débiles. Atención a esos diez minutos de presentación porque quizás sean de los más aterradores de toda la película por ser los más cercanos a la realidad.
Después de que uno de los tímidos se suicide, el reformatorio envía a sus seis compañeros de cuarto a una isla desierta, dentro de un programa de reeducación. allí deberán aprender a convivir entre ellos y colaborar unos con otros. Pero, lógico, la isla no está desierta. Un ex-soldado ávido de sangre y acompañado de cinco perros aún más sanguinarios que él empezará a cazarles uno a uno.
Ya os lo dije… no hace falta ni que la historia sea novedosa.
Pero lo cierto es que la película entretiene y está muy bien narrada. Michael J. Basset mantiene en todo momento un buen pulso narrativo, ayudado por unas excelentes actuaciones. Lo cierto es que miedo da bastante poco, más bien ninguno, pero adereza los enfrentamientos con unos cuantos litros de sangre y visceras que, sin llegar a ser gore, bastan para satisfacer al espectador ansioso de hemoglobina.
Y la pelea final a cuchillo es magnífica.
¿Lo mejor? El personaje de Steven, el cabecilla nazi, un tipo cien por cien desagradable pero tan bien construido que llega a caer bien de lo mal que cae. Ya sé que parece una contradicción, pero fijaos en el T-Bag de Prison Break.
¿Lo peor? Que Alex Reid y Sean Pertwee salgan tan poco.

Calentito

Ya de por sí es raro que yo me haya puesto a ver esta película, pero así ha sido. Y aún más raro ha sido el hecho de que haya disfrutado de «El calentito» prácticamente desde el minuto uno hasta el final.
Y es que, en contra de lo que me esperaba, la película no sólo está bien hecha – lo cual ya es una sorpresa- sino que además está muy bien interpretada.
¿La historia? La de un grupo de tres chicas que quieren formar un grupo de música en febrero de 1981, lo cual sirve para poner de telón de fondo todo un suceso generacional que – gracias a dios – no me tocó vivir: La movida madrileña, la transición y el golpe de estado.
Y la película no sólo cuenta con mucho ritmo las idas y venidas de las tres chicas, el despertar sexual de una de ellas, las relaciones de las otras dos y la problemática con la que ha de lidiar la dueña/o del bar que da título a la película y que es un travesti. La película también nos muestra lo que fue aquella época, y los sentimientos encontrados de la gente que la vivió.
Y, repito, de forma sorprendente, es una película que consigue atraparte. Sobre todo gracias al ritmo, pues está muy bien contada, de forma ágil.
¿Lo mejor? El manejo de la narración, Jordi Vilches (que siempre es lo mejor de cualquier cosa en la que sale, este tío es cojonudo), El telón de fondo generacional, Las secuencias con la familia de Sara, El momento en que Jordi Vilches intenta convencer sutilmente a Sara de que participe con él y su novia en un trío, Los guiños a personajes del momento como cuando las protagonistas se cruzan con Alaska y los Pegamoides o cuando sale Almodovar y McNamara a cantar (gracias a dios que no viví aquello), y por supuesto, como bien decía Borja Perez en Quevidamastriste, Verónica Sanchez sale en tetas y follando y es sólo un minuto pero si se pone en replay… jajaja!
¿Lo peor? Pues hombre, que a mí ese tipo de música y movida como que no me mola.