Más dura será la caida, volumen uno: Robert De Niro

Cuando yo era niño crecí con la creencia de que Robert De Niro era, junto a otros como Pacino, Hoffman, Newman o Brando, una especie de Dios del celuloide, un intocable, uno de los Mejores Actores del Mundo.
Aún hoy, cuando veo su nombre, en mi cerebro se enciende una luz que dice «Uno de los mejores actores del mundo» y como que te predispone a pensar que estás a punto de ver una de esas actuaciones que quitan la respiración.
Pero la realidad es otra. ¿Fue uno de los grandes actores de la historia? Sí. Pero también es el claro ejemplo de «tendrías que haberte ido dejando el recuerdo en lugar de seguir y cagarla», porque desde 1998 (año de esa joya llamada Ronin), hace ya doce años, que se dice rápido, este señor no hace más que basura tras basura.
En serio, este tipo, considerado uno de los mejores actores de la historia, lleva doce años haciendo patatas. Y no es que haya hecho dos y hayan sido malas, con lo cual tendría un pase, sino que ha hecho, ni más ni menos, VEINTIDÓS películas.
Recordemos algunas de ellas para comprobar la sucesión de truños que nos está endosando esta vieja gloria:
Una terapia peligrosa, Los padres de él, Una terapia peligrosa 2, Showtime, Ahora los padres son ellos: De Niro se ha especializado en hacer comedia estos últimos años. Claro que en esta frase la palabra «especializado» está utilizada con ironía.
Hombres de honor, El enviado, El escondite, Asesinato justo, Machete: Intenta compaginar su carrera como «genio» cómico con su faceta de películas serias con tramas mal escritas, mal dirigidas, mal interpretadas y soporíferas.
No sé qué le ha ocurrido a De Niro, pero desde luego, atrás ha quedado el hombre que nos alucinó con Taxi Driver, Toro salvaje, Uno de los nuestros, Casino, Los intocables…
Una demostración de que, cuanto más alto estás, si empiezas a caer, más dura será la caída.