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True Blood: Season 4

VictorBlazquez 17 septiembre, 2011

Soy un fan de las historias vampíricas de la HBO, no lo niego. Llegué tarde a ellas (cuando iban a estrenar la tercera temporada yo empecé a ver la primera) pero me enganché con fuerza desde el principio y me puse al día sin problemas.

Aún no sé si me encanta Sookie Stackhouse o la detesto, depende del momento, pero lo que sí sé sin lugar a dudas es que me decanto más por la vileza de Erik que por la cara de pan de Bill.
En fin, que el sábado terminé con la cuarta temporada y estas son mis impresiones.
Después de un comienzo tan brutal como perturbador, me ha dejado un poco extrañado que no hayan vuelto a tocar (casi) el tema de las hadas. Me quedé con ganas de saber más después de ese inicio y los cabrones se guardaron ese as en la manga.
El devenir de Sookie Stackhouse y sus lios de faldas en esta temporada me han parecido más secundarios que protagonistas, la verdad, y vale que está presente en todos los momentos importantes, que para eso es la prota, pero nunca ha cobrado un papel de fundamental en la trama, con lo que tampoco ha resultado muy molesta. Evidentemente, amé el hecho de que por fin se acercara a ella y comenzaran una historia que, aparte de bonita, me parecía de lo más interesante. Aunque eso sí, los momentos “sueño” que hubo allá por la mitad de temporada me parecieron atroces.
Larga vida a Erik Northman.
Prosigo. Al parecer en los foros, el personaje de Tara no gusta demasiado y cae mal. A mi, qué queréis que os diga, en la primera temporada me daba bastante igual, en la segunda su trama era un coñazo, pero en la tercera me pareció de lo mejorcito, además de descubrirme a una actriz que no sabía que existía, porque creo que aquellas momentos en que estaba secuestrada, temblando de miedo pero intentando simular que estaba feliz para evitar los enfados de su captor demostraban a las claras que se trata de una pedazo de actriz. En esta cuarta temporada su papel ha sido aún más secundario que el de Sookie. Se ha dedicado a pasearse por la temporada de un lado a otro, apareciendo en algunos momentos interesantes, pero sin cobrar verdadera importancia nunca.
Saltaré entonces a Jason stackhouse. Su tercera temporada fue digna de fusilarle con mierda. La parte en que quería meterse a policía fue uno de los mejores gags cómicos, pero todo aquello de los hombres-pantera fue un coñazo de dimensiones máximas. Esta cuarta temporada empieza ahí, y lo cierto es que estuve deseando que se cargaran al personaje hasta que escapó de la barriada y se alejó de la mierda de trama de las panteras. Todo el rollo Jason – Jessica – Hoyt me ha parecido cojonudo (aunque no negaré que me jode un poco por Hoyt, molaba esa relación…), pero cuando más disfruto a Jason es cuando debe acercarse al mundo vampiro, y enfrentarse a sus miedos pero ayudar a la vez a su queridísima hermana.

Al que nunca he soportado y sigue aburriéndome es a Sam. Sus historias me parecen metidas con calzador y sin demasiado interés. Lo mejor que han podido hacer esta temporada es deshacerse de su hermano y juntar a Sam con Alcide. Por cierto, el tipo que hace de Sam me pareció de aplauso cuando está interpretando a su hermano convertido en Sam. Impresionante.
Alcide… bueno, pues como secundario está bien. Sin más.
Luego está Lafayette, que siempre ha sido uno de esos personajes a los que le sienta genial su estatus de secundario importante, con sus apariciones llenas de glamour hortera y su forma de ser que le convertía en uno de los mejores personajes de la serie. La llegada de Jesús fue una gran historia de amor en la tercera temporada. Kevin Alejandro, el actor que interpreta a Jesús, es un gran actor, y ambos subieron un escalafón y se convirtieron en principales en esta cuarta temporada. Y eso supuso la caída en picado de Lafayette. Tanta relevancia no le sentó bien al personaje, que perdió parte de su frescura y su gracia y además acabó cediendo importancia ante un Jesús que acababa robándose la trama para él. Eso sí, Kevin Alejandro seguía estando magnífico.
Aunque una cosa hay que resaltar, y es que la verdadera protagonista de la temporada no ha sido Sookie, ni Tara, ni Jessica ni ninguno de los hombres, sino esa tímida y patética bruja llamada Marnie e interpretada de forma magistral por Fiona Shaw, esa mujer de aspecto débil y patético que conoce a una bruja muerta años atrás, llamada Antonia Gavilán (de Logroño, como constantemente aclaran en la serie) y gracias a la que se hace poseedora de un poder tan enorme que hace aflorar sus ansiedades y deseos largamente reprimidos, convirtiéndola en una gran villana. No sólo nos las ha hecho pasar putas, a nosotros y a todos los vampiros de Bon Temps, sino que además con sus caras, sus muecas y sus cambios de expresión cuando Antonia Gavilán de Logroño se hacía con los mandos… que pedazo de actriz, por dios…
Mención especial para los flashbacks del Logroño medieval. Creo que fui incapaz de entender una sóla frase, y eso que hablaban en español. O eso intentaban, porque vamos, esos pobres actores tenían de español lo que yo de noruego.
Gran temporada, con un final bastante más flojo que años anteriores, aunque demoledor en cuanto a lo que personajes se refiere. Y no quiero dar spoilers así que no diré nada, pero aún sigo impresionado.
Lo que más me gustó de la season final es ese hoyo en el parking. Esa promesa de que Russell Edginton está de vuelta. Esperaré la quinta temporada con ganas, sí señor.

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